Star Wars IX: El Ascenso de Skywalker

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The Rise of Skywalker

“La Fuerza estará contigo… siempre”.

— Star Wars IX: The Rise of Skywalker.

No queda del todo claro si esa frase, como muchos otros momentos de la película, es para la protagonista o para el espectador. Y habrá quien sienta que esta nueva (teóricamente la última) entrega de Star Wars es en esencia una concesión a los fans tras el desaguisado de Episodio VIII, cuyo título ni siquiera pondré aquí por respeto.

Definitivamente lo es.

Pero estamos hablando de una película con la misión de dar cierre a la que, sin duda, es la mayor saga de la historia del cine. Que no se ofendan ni los tolkiendili ni los potterheads: Star Wars es, con certeza, la más importante de todas, por lo que significó, para bien o para mal, su irrupción y su legado para la pantalla grande. Desde 1977, todas las películas de fantasía y ciencia ficción siguen su misma estética.

Y, durante varios pasajes, esa misión se cumple. El Ascenso de Skywalker responde las interrogantes formuladas en la nueva trilogía sobre Rey, Kylo Ren, Snoke y la Primera Orden. Escena tras escena, de manera trepidante, y sin ahorrar material. Paradójicamente esa es, tal vez, la mayor crítica que se la ha hecho: la sensación de asistir a varias películas en una, con demasiadas licencias narrativas y sin profundizar en tramas que, por derecho propio, habrían sido buenas películas independientes. Para quienes hayamos seguido las películas anteriores, no obstante, esto no es realmente una sorpresa: las películas de Star Wars suelen abrir tramas y subtramas que no se explican por completo en cada película, pero cuya sola mención enriquecen el universo creado por George Lucas. Por ejemplo, la presencia del holocrón sith puede no ser familiar para aquellos que no han seguido el resto del canon más allá de las películas, y quienes asistieron a The Rise of Skywalker solo vieron un elemento extraño con un propósito, por lo demás, conveniente para empujar el argumento.

Ese es, a mi gusto, su mayor debilidad: el guion se empeña en hacer calzar, aunque sea a la fuerza, elementos dispares que no fueron concebidos para estar juntos. Se nota que a medio camino cambiaron de director (por diferencias creativas con la productora) y que el guion tuvo que ser reescrito, y tampoco es un secreto para nadie que, tras la repentina muerte de Carrie Fisher, tuvo que ser adaptado a partir de las pocas tomas de descarte de Episodio VII. Los personajes secundarios, más que aportar a la trama, hacen meros cameos; los caballeros de Ren tuvieron más presencia en los vídeos hechos por los fans en youtube que en la propia película. E incluso la Fuerza, ese elemento mítico, por momentos filosófico, que inspiró los episodios previos, tuvo que evolucionar a formas casi mágicas para sostener los agujeros narrativos.

Y sin embargo, pese a todos estos baches, salí con una sonrisa del cine.

La película, hay que decirlo, pudo ser hecha con prisa y a los saltos, pero se nota que fue filmada con cariño. Hay respeto al pasado de Star Wars y a su legado, no como en la entrega anterior. Hay notas de humor, aventura y nostalgia puestas en justa medida. Hasta un poco de romance, sin caer en lo cursi. Las referencias a las anteriores películas son sutiles, oportunas y muy apropiadas, no como en Episodio VII: El despertar de la Fuerza, varios de cuyos pasajes parecían calcos de la trilogía original. En la butaca del cine, contrario a lo que me sucedió con Episodio VIII, en ningún momento dudé de estar viendo una película de Star Wars. Cuadro tras cuadro, me sentí atrapado y emocionado desde las letras iniciales hasta el clásico cierre.

Esta vez, la familia Skywalker fue tratada con dignidad.

La saga entera fue tratada con dignidad.

Y se agradece que se nos haya mostrado al antagonista desde el principio, sin preámbulos ni falsas sorpresas, porque, a estas alturas, todos sabíamos que estaría allí. Me tomo la libertad de no mencionarlo, en el improbable caso que hubiese alguien que todavía no haya visto ni siquiera los avances.

Con todos los reparos formulados antes, le doy cinco estrellas. Tendrá fallas, pero son las que encontramos porque vemos la película con ojos de adulto. Estas solo aparecieron en mí con el paso de los días, pues en el cine mismo y en las horas siguientes sólo tuve una sonrisa para su recuerdo. Y, siendo realistas, salvo El Imperio Contraataca, ninguno de los guiones de Star Wars es particularmente bueno. Y todas las entregas, incluso la odiada, tienen su encanto. Esta, por ser la última, más que ninguna otra.

Así que vaya a verla sin tapujos. Y que la Fuerza lo acompañe.