Acerca del autor

Soy escritor. Me gusta pensar que soy bueno en lo que hago, pero tal es una opinión que sin duda comparto con todos los autores del mundo, así que no me distingue gran cosa de ninguno. La tarea de que recuerdes el mío entre miles de nombres no es fácil, considerando que las vitrinas, las literarias y las digitales, están saturadas y he llegado a pensar que hay más autores que lectores en la actualidad.

Pero por favor recuerda este: León de Montecristo.

¿Por qué ese nombre?

Es el seudónimo con el que firmo como autor desde hace muchos años. El nombre alude a León Tolstoi, con quien me siento identificado en varios aspectos literarios y extraliterarios, y al Conde de Montecristo, un prisionero que, tras escapar de la cárcel, encuentra una isla con un tesoro incalculable que le permite hacer justicia sobre sus enemigos. Parece algo que yo definitivamente haría si estuviera en su lugar.

¿Por qué tendrías que recordarme?

Porque ese será mi propósito: crear para ti historias inolvidables, libros que merezcan ser releídos, mundos en los cuales quieras refugiarte cada vez que lo necesites, sin importar el motivo. Ha sido así conmigo al escribirlos.

He publicado algunas cosas en mi país y hay quien las leyó e hizo buenas reseñas de ellas. Luego vino el silencio. Pero el silencio para un autor rara vez es inactividad. Uno sigue madurando ideas, reescribiendo escenas y sacando las capas que ocultan el fósil, dando nueva vida a la vasija fragmentada que cree ser semilla. El resultado tras estos años es un animal de varias cabezas, así que ahora me concentro en la labor de cortarlas una por una, y el primer intento es resucitar una novela corta mezcla de terror gótico y ciencia ficción, Intraterrestre, publicada originalmente en 2017 y que tuvo su metamorfosis al lenguaje de Bradbury, Tolkien y Banville gracias a una traductora estadounidense.

Pero tengo varios proyectos en carpeta. Algunos, los más antiguos, todavía son de género, como el caso de la saga del CODEX DRACONIS, que mezcla alta fantasía con notas claroscuras. Otros, los trabajos recientes, se han librado de una categoría específica. Muchas ideas se han transformado en relatos. También hay algo de no ficción. Mi nueva ambición es, simplemente, hacer literatura. Helos aquí, no necesariamente en el orden en que los iré terminando o publicando:

  1. El Circo del Infierno.
  2. La nieta del Dragón.
  3. Quiliasmo.
  4. Phi.
  5. La guerra de los huesos.
  6. Alpha y Omega.
  7. Cuerpos de yeso.
  8. Venga a nosotros tu reino.
  9. Retorno a lo eterno.

Al menos tres de esos títulos pertenecen a sagas, cuyas continuaciones también verán la luz pronto. Pero no voy a cansarlos con más proyectos que debo terminar. Si un botón sirve de muestra, cierro esta presentación dejando que mis personajes pongan voz a la mía con sus palabras:

Citas escogidas

No se deje engañar por su edad. Puede que Zarkon esté viejo, pero, a menos que haya olvidado sus conocimientos, eso solo lo hace más peligroso. Suele decirse que entre más viejo un mago, mayor su sabiduría. Y Zarkon era considerado el más hábil de su época cuando fue capturado hace centurias. Incluso contando con mi ayuda no será suficiente, pero es mejor poca ayuda que ninguna.

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Rhod Astarnûn
La nieta del Dragón

Los jinetes de las estepas se burlan de mi forma de viajar y se ríen cuando me reconocen. El sacerdote del burro, me llaman. Por siglos, más de los que ellos pueden contar, han cabalgado sobre caballos, si hasta son capaces de disparar sus flechas sobre ellos. Una vez cometí el error —para que escarmentaran y aprendieran que la humildad es el camino—, de contarles que también nuestro Señor Jesucristo entró en Jerusalén montando sobre un burro y que no existe mayor honor que ése. Ahora resulta que, en su lengua, a mis espaldas o en mi cara llaman a nuestro Señor el dios de los asnos. Conozco el término, no lo reproduciré aquí. Perdónalos, mi Dios, no saben lo que hacen.

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Alopen
Quiliasmo

¿Qué habíamos descubierto? ¿Qué abominación había caído en nuestras manos? No me atrevía, por fidelidad a la ciencia, a proponer una conjetura. Hermann, en cambio, siempre más abierto de mente, creyó encontrar la respuesta en las viejas tradiciones nórdicas, en las que buscaba con la misma pasión con que asumía cada nueva exploración.

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Franz Engels
Intraterrestre

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