Los Jardines de la Luna

“No tiene sentido empezar algo sin ambición”.

— Steven Erikson.

Comencé a leer esta saga hace muchos años cuando un lector, a propósito de mi primera novela publicada EL ÚLTIMO REY, comentó, no de la mejor forma he de añadir, que mi libro “se parecía a Malaz”.

No es raro, en el universo de la fantasía mayormente épica, que las novelas tengan cierto parecido entre sí, pero me sentí igualmente intrigado y la adquirí (en esa época, publicada en nuestro idioma por La Factoría de Ideas). A la fecha, salvo por un par de situaciones puntuales, no encuentro todavía el parentezco entre ambas, pero mi curiosidad recibió entonces como premio una de las lecturas más gratificantes que tuve en años: LOS JARDINES DE LA LUNA, primer libro de una decalogía prometedora. Sin embargo, no pude avanzar más en ella, en parte porque no llegaron todos los libros traducidos a Chile o yo empecé tarde a leerlos, en parte porque, tras el cierre de La Factoría de Ideas poco después, la saga quedó inconclusa en español. Hasta que Nova retomó el desafío de relanzar la saga completa.

Esta vez, no estaba para sorpresas: decidí comprar y reunir los nueve libros disponibles (el décimo y último, desafiando cuarentena y crisis económica ad portas, será publicado en septiembre) antes de iniciar una relectura. Y tras poco más de un lustro, debo decir que la impresión que tengo de LOS JARDINES DE LA LUNA no solo se mantuvo, sino que mejoró. No sólo es un libro maravillosamente escrito, sino que tiene la rara cualidad (de la que no gozan todos los libros de fantasía, aunque la mayoría pretenda alcanzarla) de desarrollarse en un universo propio con un pasado histórico coherente con su presente, vivo en sus ruinas, intacto en su recuerdo aunque haya sido olvidado en parte. Se distingue (y se aprecia) una gran variedad de razas y culturas, no todas ellas humanas, y un amplio conocimiento de las consecuencias de la guerra y el poder, y de la servidumbre humana inmersa en medio de los procesos históricos. La magia se fusiona con lo milagroso, en una mezcla de fantasía y religión antigua que añaden valor al ingrediente de verosimilitud de todo el relato.

Steven Erikson es antropólogo, por cierto, y su formación explica en parte el acercamiento que el lector tiene a la primera entrega de esta saga: por fragmentos. Igual que cuando un excavador encuentra una serie de piezas de cerámica y disfruta del hallazgo tratando de comprender cómo se arman para cobrar forma, así el lector debe estar atento a lo que no es una lectura fácil, pero tampoco imposible y que ciertamente crece escena tras escena.

Si tuviera que criticarle algo es el enorme reparto de personajes, lo cual impide involucrarse con alguno de ellos en particular como protagonista, pero siendo una novela de apertura es muy pronto para emitir un juicio al respecto en la que, de cualquier modo, no es una novela como la mayoría de las que circulan en el mercado editorial.

LOS JARDINES DE LA LUNA se ha ganado un espacio dentro de mis lecturas favoritas y le doy una sólida puntuación de cinco estrellas.

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