The Witcher (Serie de TV)

“Lanza monedas al brujo, oh valle opulento”.

— Jaskier.

No recuerdo exactamente cuándo comencé a ver The Witcher, en algún punto del verano que ya se va. Pudo ser entre Navidad y Año Nuevo, quién sabe. Tal vez después. Había leído un par de años atrás El último deseo, de Andrzej Sapkowski, un libro exquisitamente escrito debo decir, el cual, sin embargo, no me había convencido por completo. La dinámica “Geralt llega a un pueblo / En el pueblo hay un monstruo / Geralt soluciona el problema” me cansó un poco, aunque lo entendía tratándose de un libro de relatos. Y había escuchado críticas negativas y positivas de la serie, lo cual desembocó en que me demorase más de lo necesario en tomar la decisión de darle una oportunidad al formato audiovisual. Mi padre me alentó a hacerlo.

No recuerdo cuándo empecé a verla… pero tengo sumamente claro cuándo la terminé: al día siguiente de comenzarla.

Debo reconocer que, al principio, me disgustó que utilizara todos los clichés existentes en el género, sobre todo en lo relativo al protagonista: Geralt es el clásico guerrero con tanto físico como falta de habla y con la mala actitud de quien tuvo un pasado tortuoso, pero que, en el fondo, es bueno. En el libro, de hecho, queda más claro que en realidad él responde a su propia moral. Pero la actuación de Henry Cavill es impecable y la fortaleza de los diálogos -y principalmente de los personajes secundarios, lo cual habla de un buen guion detrás-, pronto echaron por tierra esa primera impresión.

Los acontecimientos transcurren en un mundo llamado Continente, donde abundan la magia ancestral y criaturas fantásticas, muchas inspiradas en el folclore polaco, de donde es oriundo el autor, lo que le otorga a las novelas aire fresco en relación a otras obras de fantasía épica, lo que se refleja bien en la serie de televisión. En este mundo plagado de monstruos, hay brujos que se ganan la vida matándolos a cambio de algunas monedas. Uno de ellos es Geralt de Rivia, un mutante con poderes sobrenaturales que entra y sale de pueblos, ciudades y reinos gracias a su oficio. Pero su vida cambiará cuando su destino, por razones que se explican en la serie, queda ligado al de la princesa Ciri de Cintra desde antes que ella nazca.

El argumento avanza en forma paralela siguiendo a estos y otros personajes a lo largo de ocho episodios bien ejecutados, mejor entrelazados y con un eficiente despliegue visual. Se agradece, además, que el rango etario de los personajes abarque todas las edades y que no se entrampe en conflictos adolescentes, ni en la básica división de bien contra el mal, así como la presencia de féminas con carácter y motivaciones propias.

En resumen, una de las gratas sorpresas que este autor se ha llevado en lo que va del año. Cinco estrellas, bien ganadas. Totalmente recomendable.

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